"La estética peronista es una especie de Frankenstein hecho con retazos"
"Santoro: realidad, sueño y elegía", la muestra antológica que se presenta en el museo de la UNTREF. El artista exhibe unas 50 pinturas que incluyen símbolos idealizados del mundo peronista.
Por: Marina Oybin
Con medio centenar de obras de la última década, "Santoro: realidad, sueño y elegía", la muestra antológica que se presenta en el MUNTREF, confirma que el artista es único en eso de resignificar la historia y el mito peronista. Y lo hace con una exuberante y mágica cosmogonía donde conviven la iconografía religiosa cristiana, elementos de la cultura oriental, ficción y realidad. En ese camino, el artista no deja de lado la cita con guiños a Berni, Della Valle, Max Ernst, el simbolismo de Arnold Böcklin, y la lista sigue. Con nostalgia, Daniel Santoro bucea entre la mirada analítica, a veces cargada de humor ácido, y la cándida ternura. En su "anatomía comparada con análisis lombrosiano de peronistas y antiperonistas", enfrenta la fisonomía de los "grasitas" y sus detractores. Sus pinturas incluyen símbolos idealizados del mundo peronista de manuales, libros escolares y revistas de época, como el omnipresente edificio de la CGT, la fundación Eva Perón, el guardapolvo blanco y la Santa Eva que enseña, protege y hasta castiga al niño gorila (en una pintura que evoca el niño y la Virgen renacentista). Se exhibe su perturbadora "La Piedad": Eva deglutiendo las entrañas del Che Guevara, en "un ritual de comunión entre el peronismo y la izquierda". Imperdible.Santoro imagina, pinta y narra la vida de la madre-niña de Juanito Laguna (una serie deslumbrante) y del gigante descamisado, un Golem bondadoso que custodia la ciudad infantil y los símbolos del peronismo o arrasa con un sembradío de soja trasngénica. Ya cuando es expulsado de la ciudad, en medio del bombardeo en Plaza de Mayo, se aferra al Cavanagh como un King Kong aterrado. Luego, vendrán imágenes cargadas de desolación que aluden al golpe de 1955. Quien vaya a ver la muestra buceará en un universo hiperbarroco inolvidable. Santoro conversó con Clarín sobre su obra. ¿Existe una estética peronista?Se forma por acumulación de aportes extraños, incluso anacrónicos e incompatibles: el constructivismo ruso, el futurismo fascista y la propaganda de la era de Roosevelt, relacionada con el confort norteamericano. La estética peronista es una especie de Frankenstein hecho con retazos. Por ejemplo, la casita peronista de ciudad Evita es el típico chalecito californiano. ¿Sueña con el peronismo anterior a 1955?Intento estetizarlo. Es una tarea de justicia: el peronismo nunca fue visto como materia capaz de tener valor estético. Es como un alimento despreciado. De ahí que tengo problemas para ubicarme en el rubro de arte político, ya que siempre se lo vincula con la izquierda. Me gusta ese lugar de incomodar un poco, mirar las grietas. Soy como un arqueólogo: me retiro un poco, miro de lejos y no trato de mostrar lo bueno. Sin embargo en su obra es más la exaltación que la crítica. Siempre hay una mirada piadosa y amistosa porque hay una afinidad. Pero cuando tengo que dejarlo que flote solo, lo dejo: el descamisado gigante es un personaje que crece por las injusticias internas del peronismo. ¿Qué fue lo que más lo cautivo de la estética peronista de manuales y libros?Las imágenes son maravillosas: la propaganda tiene una gran ingenuidad y un imaginario que naturaliza lo político. ¿Hoy queda algo de aquel imaginario?Queda una recreación. A partir de los 90, el peronismo comenzó a ser un objeto más abordable por la literatura y el teatro (con obras de Tantanian y Bartís). Luego, un abordaje definitivo fue el de Capusotto con personajes como Bombita Rodríguez. Hoy el peronismo es abordado por las nuevas generaciones, sobre todo en la literatura, sin el prejuicio que existía antes a contaminarse. Cucurto, Incardona y Godoy se sienten peronistas, sin inmiscuirse en la política. Sus obras se venden mucho, ¿quiénes son los que compran?Coleccionistas conocidos, que no tienen nada que ver con el peronismo.
Link: http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2010/03/12/_-02157875.htm
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